Edificio Elíseos 01

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“…ha elegido un estilo de severa modernidad,
dentro de un matiz clasicista,
estilo que perdurará a través del tiempo
con la frescura y lozanía
de las obras bien concebidas”
EL MEJORAMIENTO URBANO DE LA CIUDAD DE ZARAGOZA,
artículo aparecido en Heraldo de Aragón,
16 de enero de 1940.

El edificio Elíseos se alza en un solar de mil cuatrocientos cincuenta y ocho metros cuadrados de planta triangular. Se trata de un monumental bloque de viviendas diseñado por Teodoro Ríos Balaguer a finales de 1939. Desde el primer momento, la Caja de Ahorros y Monte de Piedad de Zaragoza se mostró interesada y financió la obra. Tenía motivos. Más allá de la labor social, el entusiasmo por parte de la clase alta zaragozana al proyecto lo hacía apetecible.

Nada nuevo bajo el sol.

Manos a la obra. Los propietarios del terreno, cierta familia de apellido compuesto, ya habían dado el visto bueno. Tanto el antiguo velódromo, denominado de los Campos Elíseos, como la zona destinada a parque de recreo, incluido el campo de fútbol, fueron demolidos y, a continuación, tras el paso del rodillo, parcelado a conveniencia. La situación estratégica de aquel terreno, tras el cubrimiento del río Huerva en el año treinta, marcó una cruz allí, unión entre las dos vías más importantes del ensanche de Miralbueno. La visión de una urbe moderna y dinámica, recogida por Regino Borobio y José Beltrán en el Plan de Reforma Interior de Zaragoza, iba tomando forma pese al corsé impuesto por los convenios urbanísticos de 1903. La expansión de la ciudad era un hecho. Se consumaba. Y la construcción de un edificio allí, en esa encrucijada de caminos, era clave. Después de él nada sería igual. La urbe crecería, armándose con la determinación arquitectónica del siglo XX. Nada podría impedirlo. Ni siquiera la guerra. Y es que el casco urbano de Zaragoza fue rebasando sus límites calle a calle, mientras los ecos de las batallas reverberan en sus plazas y avenidas, explosiones llegadas del frente, allí, en la sierra de Alcubierre, en las llanuras de Belchite, también en las colinas al sur de Zuera.

Pero a finales de 1939 todo había terminado. O acababa de comenzar. La postguerra no mordió con su hambre ciega las entrañas de los miembros de la Real Sociedad Económica de Amigos del País. Y así, tal y como cuentan las crónicas de la época (ver Heraldo de Aragón, 16 de enero de 1940), dos de sus integrantes, uno de ellos vocal, el otro director gerente de la correspondiente entidad financiera y, a la postre, promotor, se dieron la mano sobre los planos en tinta azul del futuro Edificio Elíseos. El trazado del destino allí, dibujado a escuadra y cartabón, compás y transportador de ángulos.

Venga, echémosle un vistazo al edifico en cuestión. Merece la pena. Si no lo han hecho ya, claro. Allá vamos, al corazón de Zaragoza. Situémonos en la plaza Paraíso, en el extremo más meridional del paseo de la Independencia, justo en la zona habilitada como paso peatonal, y dispongámonos a recorrer con la mirada la incomparable obra de Teodoro Ríos Balaguer.

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Saltemos de 2013 a 1945, año de finalización del proyecto.

Allí está. Allí se alza, sobre un solar de mil cuatrocientos cincuenta y ocho metros cuadrados. De cara al exterior, el edificio destaca por sus dos fachadas; la noroeste, abierta a la avenida General Mola (actual paseo de Sagasta), y la oeste, más soleada, abierta a la avenida Calvo Sotelo (actual Gran Vía). Las dos fachadas se entrelazan gracias a un chaflán curvo que apunta a la plaza, es decir, a la plaza de Basilio Paraíso, en su denominación completa.

Los pies de este edificio de hormigón se hunden en un oscuro y húmedo refugio antiaéreo (condición impuesta desde el año 36 por la Junta de Defensa Pasiva). Todavía por debajo del nivel del suelo, el inmueble cuenta con dos plantas de sótano. A pie de calle, destaca el espacio ajardinado (de cinco metros y medio de ancho) que separa la verja, ya en la avenida General Mola, con la fachada del edificio, en línea con la articulación seguida en todo el lado derecho de esta avenida (ver Comisión de Fomento y Licencias, expediente 1.570, caja 3.174, año 1939). A partir de aquí, del nivel del suelo, el cemento se hace carne alrededor de un esqueleto de hormigón. Un cuerpo de diez alturas: planta baja, ocho pisos de viviendas y un ático. Finalmente, el torreón. Todo en piel de ladrillo y enfundado en un traje revestido con aplacados en piedra.

El modernismo argumenta su presencia a lo largo de la fachada mediante líneas precisas, de una marcada geometría. Además de los troquelados entre las filas de ventanas, se acentúa la verticalidad desde el segundo piso mediante cuatro volúmenes salientes que enmarcan los espacios habitables (un bloque, el correspondiente a los números dos y cuatro de la avenida General Mola, y su opuesto arquitectónico, el número tres de la avenida Calvo Sotelo), así como el chaflán curvo. En lo horizontal, sobresale el balcón corrido con balaustrada que separa bajo su alero la primera altura de pisos y, a continuación, la planta baja con sus ventanales en arco sobre el chaflán (donde se instaló la sucursal crediticia de marras). El vidrio dota de fragilidad al conjunto, si exceptuamos el trabajo de hierro forjado que defiende las puertas de acceso a los bloques de viviendas. El metal contrarresta la inestabilidad y añade, en cambio, geometría (acorde con el plan inicial). Lo hace mediante líneas verticales en las dos hojas, con adornos en bronce de palmetas y lotos, así como con ciertos tiradores curvos acanalados más propios del Art Decó.

Volvamos a la fachada. Más allá del modernismo, o continuándolo, la etiqueta clásica vine de la mano de una decoración floral, tallada en diferentes pilastras de reminiscencias toscanas. Los complementos figuran en la zona superior, en cornisas voladas, por delante de los áticos, pues es allí donde aguardan las cariátides, franqueando los ventanales, las manos relajadas, la mirada perdida en el horizonte, inmaculadas en su pasividad eterna.

Y llegamos al torreón, en realidad un templete, ligeramente retranqueado, de planta cuadrada y abierto por sus cuatro lados; a sus pies, en la zona central, coronando el chaflán, allí, Félix Burriel armó su grupo escultórico: una alegoría del Ahorro, bajo el escudo de la institución financiera propietaria por derecho del edificio. Fue la pieza final; colofón, en noviembre de 1945, a seis años de obras, entre andamios y trabajos de acabado en las entrañas compartimentadas de sus espacios habitables.

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El ahorro, sí, el ahorro. Ésa es la idea allí expuesta, en lo alto, una alegoría, la figura de una mujer fundida en bronce dorado, de seis metros de altura y proporciones adaptadas para compensar los escorzos a pie de calle. El ahorro, allí, tomando posesión del cielo de la ciudad, cual divinidad griega, repartiendo su gracia y su fortuna.

Nada nuevo bajo el sol.

Saltamos ahora de 1945 a 2013, año donde la crisis económica azota la ciudad en el silencio de la inercia consumista.

Porque en esta segunda mitad del año 2013 todo, la crisis, no ha terminado. Ni mucho menos. Quizás no ha hecho más que empezar. La postguerra tras el estallido de la burbuja financiera no muerde con su hambre ciega las entrañas de los miembros de la Real Sociedad Económica de Amigos del País. Porque ellos siguen ahí. Tan sólo debemos tener la valentía de, desde nuestro mirador a pie de calle, en el paso peatonal ubicado justo en medio de la plaza Paraíso, desde aquí, en el corazón de la ciudad, debemos tener el coraje de apartar la mirada de la alegoría del Ahorro para llevarla, en un suave giro de nuestra cabeza, al edifico que aparece a la izquierda, hijo pródigo de aquella Caja de Ahorros y Monte de Piedad de Zaragoza, digno descendiente de la arquitectura de su padre, aquel anciano de piel de ladrillo y el esqueleto de hormigón surgido de la mente de Teodoro Ríos Balaguer y que ahora se metamorfosea, unos metros más allá, ante nuestros ojos, en un ser descomunal de tientes verdosos, piel de cristal y musculatura de acero. Se trata de la sede central de una de las diez entidades financieras más importantes de España por volumen de negocio, aunque ahora el negocio nada tenga que ver con el ahorro.

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Porque, ¿dónde está ella?

El ahorro, sí, el ahorro.

Bajamos la mirada y la vemos allí, a la puerta de la entrada principal de la monstruosa entidad financiera, en aquel espacio lateral, cerrado, acreditado a los cajeros automáticos, allí, tumbada sobre unos cartones pardos, lejos del cielo, a nivel del suelo, una alegoría, ella, vestida con los ropajes carcomidos de una vagabunda, una mujer fundida en bronce dorado, de seis metros, arrebujada en su soledad, en posición fetal, allí duerme ella, el sueño de los justos, y un ejército de cariátides espera a que ella despierte y dé la señal. Cariátides repartidas por todas las fachadas de todos los edificios de esta ciudad, de todas la ciudades, allí esperan la señal, en cornisas voladas, allí aguardan las cariátides, sus manos de arenisca todavía relajadas, la mirada perdida en el horizonte, inmaculadas en su pasividad finita, administran el tiempo, lo contabilizan, cuentan los segundos, la cuenta atrás, cuando ella abra los ojos y recoja la ira griega, y encienda los cielos, divinidad que repartirá su gracia y su fortuna.

Porque nada impediría esto. Ni siquiera la guerra. Y es que el casco urbano de Zaragoza implosiona, abandona sus límites a la intemperie, mientras los ecos de las batallas reverberan en sus calles desiertas, explosiones llegadas del pasado, del frente, allí, en la sierra de Alcubierre, en las llanuras de Belchite, también en las colinas al sur de Zuera.

Nada nuevo bajo este sol de justicia.

 

 

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Fuente de las imágenes y gráficos:

(1) https://maps.google.es/maps?q=Edificio+El%C3%ADseos+Zaragoza&ie=UTF-8&ei=lH75UY2LOOuO7QbPoIDoAQ&ved=0CAgQ_AUoAg
(2) Fuente propia
(3) http://es.m.wikipedia.org/wiki/Archivo:Zaragoza_-_Edificio_El%C3%ADseos_-_Alegor%C3%ADa_del_Ahorro.jpg
(4) Fuente propia
(5) http://mas.laopinioncoruna.es/graficos/180/evoluci%C3%83%C2%B3n-de-la-deuda-p%C3%83%C2%BAblica-y-privada-de-espa%C3%83%C2%B1a.html
(6) http://www.elexterior.es/el-pib-como-indicador-de-la-autocomplacencia/
(7) http://www.libertaddigital.com/economia/por-que-asusta-espana-si-quiebra-arrastrara-a-francia-y-alemania-1276395312/