Century City 01

CENTURY CITY 01 01

Century City es un área comercial de la ciudad de Los Ángeles. También aquí encontramos desmesurados bloques de oficinas, edificios financieros y corporativos. Por lo demás, los residentes son paseantes confundidos en una maraña de tipos trajeados y dependientas con un cigarrillo a medio consumir en la mano. Nada brilla tanto como el negro reflejo de algunas de sus fachadas, cubiertas en vidrio oscuro. Millones de cables suministran la transferencia de datos y el pulso recíproco de la información.

Late. Century City late; el corazón roto.

En los años veinte del siglo pasado esta zona no era más que un erial. O lo que ciertos promotores californianos definen como erial: un inmenso espejismo de billetes de cien a medio camino del desierto de Mojave. Tal vez por eso hubo que esperar a finales de los cincuenta; cuando los precios subieron por evaporación a las nubes preñadas de dióxido de carbono y polución de la región de la bahía. Los propietarios de los terrenos dieron, entonces, el visto bueno. En el verano de 1959 Minoru Yamasaki hollaba la tierra reseca del lote 157 del Century Land Props. de la mano de Welton Becket, capo de la compañía constructora que aún a día de hoy lleva su nombre.

Qué hacía un japo de envergadura notable, enfundado en un traje blanco, y empadronado en Frisco (para más señas), con uno de los okies más frioleros de Tulsa; bueno, es todo un misterio. Las fotos de la época le proporcionan a Minoru una pala y a Welton un sombrero de fieltro. Cuatro años más tarde, el cemento y el acero dieron forma al ligeramente curvo Century Plaza, hotel de salones amplios en su planta baja, ajardinados allí donde el terciopelo rojo no alcanzó la cuota presupuestaria, y feudo de noches electorales para demasiados candidatos republicanos. El inmueble cuenta también otra historia, ya que fue el lugar desde el cual Ronald Reagan lanzó un avión de papel. El hecho, registrado en el libro de incidencias del hotel con fecha 7 de marzo de 1986, se produjo cuando sólo restaban tres minutos para el mediodía. Fue desde la planta trigésimo primera, precisamente desde la habitación que da acceso a la azotea sur. El objeto mencionado, el avión de papel, proyectó su vuelo indeciso, encarnado pronto en gaviota de mal agüero, y terminó cayendo en picado, estrellándose contra el asfalto reluciente de la renombrada avenida de las Estrellas, noventa y cuatro metros más abajo.

Alguien, dicen que Gay Talese, se refirió a ello como “la premonición del pasado”. A nadie se le escapaba la poca fortuna del vuelo, así como la desafortunada carrera hollywoodiense del presidente Reagan.

Por lo demás, la middle class estadounidense sigue acercándose al área comercial de esta popular zona del centro de Los Ángeles. Las tarjetas de crédito brillan, bajo oscuras bandas magnéticas, desde las carteras de los clientes a la cajas registradoras de Century City, provocando cambios de dígitos a tan sólo unos metros de allí, en los edificios financieros, a lo largo de los cables de fibra óptica, el pulso recíproco de la información. Porque late. Sí, Century City late; con un corazón roto. Es verdad, está roto. Al igual que un avión de papel destrozado, sin su forma original, incapaz de remontar el vuelo, sin vida sobre la cenicienta estrella sin nombre de una de las avenidas más renombradas de esta ciudad.

CENTURY CITY 01 02

Fuente de las fotografías:

(1) https://maps.google.es/maps?q=century+city+los+angeles&ie=UTF-8&hl=es

(2) http://www.businessimagegroup.com/Hotels_StRegis_Articles.html

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